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1ro de enero de 2010 - 05:40
Madrid, 1º de Enero de 2010
Por Clementina Floral
Esta frase acuñada por los Zapatistas de México nos deben tocar las puertas del sentido común. Precisamente cuando hoy todo lo relativo a nuestra existencia y a nuestro comportamiento lo regula el estado con nuestra acquiescencia. Ley que va y ley que viene como un código de reglas organizadas verticalmente que se aplican a las personas sin contar con su opinión ni corresponder a sus necesidades.
No podemos seguir cruzados de brazos mientras el estado y su gobierno siguen dictando lo que es bueno ó malo para la sociedad. No podemos seguir esperando que sea el estado el que nos proporcione el estado de bienestar al que nos hemos hecho acreedores. No podemos seguir consintiendo sin pestañear el desfile de ejemplos televisivos que hieren la sensibilidad estética y ética del telespectador como si de un juego se tratara, tales como programas del corazón, series anodinas, juegos insulsos; ejemplarizando al delicuente, al usurpador y al competitivo. No debemos ya permitir que los grandes dueños del capital sigan regocijándose y ejerciendo su largo poder sobre los empleados, trabajadores y sociedad en general hasta el punto de decidir quién debe trabajar ó engrosar la lista de desempleados haciendo oidos sordos a las peticiones de los trabajadores frente a la mirada pasiva y consentidora del estado, del gobierno, y de la propia sociedad. No podemos seguir impasibles ante el hambre y las necesidades de nivel básico de nuestros conciudadnos mientras nos siguen listando las cifras de beneficios de los bancos y empresas. No podemos seguir acolitando con nuestro silencio cómplice las falsedades, engaños, trucos y despidos de un orden social que se cae a pedazos delante de nuestros ojos y que nos arrastra a su aniquilamiento. No podemos seguir pasivos enfermos ante el enriquecimeinto ilícito de farmacéuticas, multinacionales de los alimentos, de la sanidad, del medioambiente evitando nuestra opinión y evitando nuestra participación.
Debemos consolidar principios éticos y universales rechazando la obsenidad del dinero como único móvil de acción de los ciudadanos para movilizarnos y constituir nuestra base de acción en esta nueva década que hoy comienza.
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